El Ateneo del Táchira, una de las obras arquitectónicas más conocidas, menos valoradas, que se 
afianza valiente y perenne frente a la inopia de una sociedad, que a pesar de disfrutar de su esplendor, 
es indiferente ante lo magnífico e inestimable de este monumento que nos recuerda una maravillosa época.

La tradición, muchas veces, no está únicamente compuesta de anécdotas e historias sino de imágenes. Es difícil nombrar una ciudad o un lugar conocido, sin que alguna imagen venga a la memoria. Imágenes que seguramente se relacionan con la propia naturaleza o con realizaciones del hombre: Trujillo y la Virgen de la Paz; Zulia el lago y su puente; Portuguesa y el Santuario Nacional Nuestra Señora de Coromoto, Mérida y el teleférico... Así se podrían enumerar una cantidad de importantes lugares e imágenes relacionadas con ellos. Lo importante de este hecho es la vinculación entre esa interrelación y la tradición que ello nos trasmite. 

El patrimonio natural y el cultural constituyen la fuente insustituible de inspiración y de identidad de una nación, pues es la herencia de lo que ella fue, el sustrato de lo que es y el fundamento del mañana que aspira a legar a sus hijos. Ajustándose a esa sensibilidad, y reconociendo las escasas, por no decir inexistentes, obras monumentales o significativas con que se asocia a San Cristóbal, es propio examinar atributos asociados al gentilicio tachirense: la debilidad por la comida típica, lo laborioso de su gente, la afición por el fútbol, las tradiciones religiosas... Sin embargo, existen facetas de la capital tachirense que, sumergidas en el desbarajuste de una ciudad que crece anárquicamente, logran pasar desapercibidas. Una de éstas es la Sociedad Salón de Lectura - Ateneo del Táchira. Una construcción que data de los años 30 y fue inaugurada por Eleazar López Contreras, aún cuando fue decretada por Juan Vicente Gómez. Esta imponente edificación fue concebida por el arquitecto Luis Eduardo Chataing, reconocido por el lucimiento de sus obras arquitectónicas como el Teatro Municipal de Caracas. Chataing imprime al concepto del Ateneo, un estilo que integra elementos propios de construcción en la arquitectura colonial: el portal, los aleros, el patio central y los techos de tejas a dos aguas, entre otros detalles. 

El Ateneo del Táchira es el resultado de la necesidad de amparar la cultura. Por ello extiende su belleza arquitectónica al carácter cultural; y este dúo, belleza y utilidad, sugiere de inmediato una inmutable eternidad que lo transforma en una pieza de arte. Además de los hermosos corredores de pisos coloridos flanqueados de columnas que se distribuyen a lo largo de sus dos pisos, el Ateneo cuenta con un auditórium o salón de actos con 260 butacas en madera que conservan su aspecto original, cuatro salas destinadas a la realización de actividades multidisciplinarias, la galería “Eugenio Mendoza”, la sala estable de títeres, la oficina de administración, un centro de informática, el centro de documentación e investigación de la historia regional, la hemeroteca “Domingo Guzmán Escandón”, la biblioteca “José Antonio Guerrero Losada” y todavía se conserva “La Francia”, un modesto espacio que sirvió como cafetín y que espera ser reabierto, pero que se adapte al criterio sofisticado del lugar que lo hospeda.

Por este centro cultural se han paseado todos los presidentes que Venezuela ha tenido desde 1907, ha sido punto de referencia en presentaciones de artistas distinguidos y, en su inventario, se conservan obras de arte y piezas de gran valor histórico como por ejemplo, el mobiliario y toda la biblioteca privada de Eleazar López Contreras que él mismo donó al Ateneo y allí se encuentra. 

Ingresar en las instalaciones del Ateneo es sentirse en un espacio donde no cabe el desacato a la dignidad, por ello, al Ateneo se le agradece tanto recato en una ciudad que arquitectónicamente ha sido ferozmente violada por la improvisación, la deshumanización y el mal gusto.